En primer lugar mando mis felicidades a todos las compañeras y compañeros que han sido aumentado en grado por Sensei Paco en Benissa, durante los examenes de éste semana (10-13.03.2014).
El comentario de Sensei Paco, durante la entrega de los cinturones nuevos a los alumnos adultos, ha sido muy significante en mi punto de vista. Durante las examenes, la calidad de las actuaciones de los candidatos ha sido, segun Sensei Paco, muy por debajo del nivel normal de lo que demuestran en las clases.
¿Cual es la causa de ésta diferencia?
Creo que la causa es el miedo.
Por causa del miedo no tenemos nuestros nervios bajo control y nuestro rendimiento físico, mental y emocional está por debajo del nivel requerido.
¿Pero de que tipo de miedo se trata?
El temor al fracaso.
Es verdad que conosco muy bien el temor al fracaso por que ha sido presente durante gran parte de mi vida.
Este temor al fracaso ha sido para mi un verdadero terrorista; me daba palpitaciones de corazon, diarrea, manos sudorosas, perdida de memoría, paralización corporal y mental.
Por ejemplo durante mis primeros examenes a la universidad de Gante, he fracasado en la primera sesión del mes de junio del año 1963 por causa del temor al fracaso. Pero he vuelto en el mes de septiembre y he sido aprobado sin problemas.
¿Como ha sido posible?
Simplemente por que mi padre tenía confianza en mi y me dijó, poniendo su mano sobre mis hombros: "No pasa nada hijo si has fracasado ahora. Siempre puedes reempezar tus examenes otra vez. Con cada fracaso podemos aprender algo."
Es decir que mi padre me dé un regalo muy grande que se ha quedado conmigo durante el resto de mi vida: Cualquier fracaso no ha sido para mí un catástrofe total pero una situación que me daba la oportunidad de aprender algo nuevo.
Pero por eso hace falta coraje.
Mucho coraje.
Admito que muchas veces he sido un cobardo, echando la culpa de mís fracasos a otras personas. Me faltaba la madurez emocional.
Sobre todo me faltaba el coraje de mirar hacia dentro, el coraje de afrontar mis miedos, el coraje de descubrir el verdadero yó del hombre Bruno. Durante decadas he preferido ocultarme detrás de mí máscara que presentaba diariamente al mundo. Todos ocultamos nuestro verdadero yó para nosotros mismos intentando de cubrir nuestros temores con la "asistencia" de la telebasura, de alcohol, nicotina, otras drogas, fútbol, sexo, comida rapida, ruido, etc....Preferimos negar que tenemos miedo. Pero como artistas marciales sabemos que no podemos mentir con nuestro cuerpo. Por eso es tan interesante de ver que hay muchos Kuys (cinturones de color) que tienen más madurez emocional, más confianza en sí y menos miedo de un Dan con cinturon negro. El cinturon es nada más que un simboló.
Afortunadamente somos karate-kas y podemos encontrar el coraje de mirar hacía dentro.
Es decir que hemos eligido el camino difícil de ser artistas marciales.
Para mí, vivir como un artista marcial significa que mi objetivo final en éste mundo es de transformar no solo mi cuerpo, pero mi vida entera en obra de arte.
¿Como es posible?
No es facil pero es posible a través de la mirada hacía dentro.
¿Pero que es la mirada hacía dentro?
Aqui el Bushido nos ofrece una respuesta.
Antiguamente el Bushido ha sido el sendero espiritual del guerrero, pero en el dia de hoy es el sendero espiritual del artista marcial.
El Bushido es un conjunto de conocimientos sobre las artes marciales, sobre nosotros mismos y sobre la vida que queremos vivir.
La practica del Bushido requiere
- el conocimiento de nuestro cuerpo y de nuestra respiración, (no olvidas que la medicina tradicional china es un pilár de nuestra escuela)
- la introspección,
- la meditación,
- el manejo de nuestras emociones en diferentes situaciones,
- la estabilidad de nuestros pensamientos,
- la sincronización de nuestros movimientos y de nuestra energía con los movimientos y la energía del universo,
- la empatía que tenemos para todos los seres vivos, con la naturaleza y el universo entéro.
Lo sé que es mucho, pero tenemos toda la vida para aprender y practicar todos los aspectos del Bushido.
El sendero espiritual del karate-ka ha sido influido profundamente por el Budismo, sobre todo por la corriente Zen del Budismo y ahora son parte integrante fundamental del Bushido.
No es por casualidad que nuestro Sensei Miguel Gomez ha bautizado nuestra organización nacional
"ZEN Okinawa Karate-DO KobuDO".
¿Pero como puedo empezar con la practica del Bushido?
Es verdad que has empezado yá por que estás leyendo éste articulo.
Pero si quieres efectivamente empezar a mirar hacia dentro, y si quieres empezar con el enfrentamiento de tus nervios y de tu temor al fracaso de una manera muy fácil, te invito a buscar un maestro o una maestra que te enseña a meditar.
Si vives cerca de Benissa, te invito a acompañarme un sabado a una sesión gratis en la fundación Sakya donde podemos aprender a meditar.
Meditando descubrirás tu propia respiración, tu propio silencio y tu propia tranquilidad. Con el silencio y la tranquilidad podrás aprender a estabilizar tus temores, tus pensamientos y tus emociones. Y verás la diferencia en tu practica de las artes marciales y.....en tu vida entera.
Un abrazo de Bruno
miércoles, 12 de marzo de 2014
domingo, 9 de marzo de 2014
Maestro Itosu y un bravucon
Maestro Yasutsune "Anko" Itosu (1831-1915) fue un gran experto okinawense en artes marciales. En el linaje de nuestra escuela el se encuentra entre su propio maestro Sokon Matsumura (1798-1890) y su alumno Kenwa Mabuni (!889-!952) quién fue el fundador de nuestro estilo Shito Ryu. Por eso considero Anko Itosu como un abuelo del Shito Ryu.
Sensei Paco Feliu me ha invitado el año pasado (2013) al examen de primer dan en karate y desde ya siete meses estoy preparandome. Me da un placer muy grande de aprender (entre otros katas) el kata que se llama "Itosu no Wansyu".
Por otro lado nuestro Sensei Miguel Gomez estará en Benissa durante el fin de semana del dia 04 hasta el dia 06 de abril 2014 impartiendo un curso de karate, kobudo y de kyusho.
En este contexto he encontrado en mi documentación una historia sobre el encuentro entre maestro Itosu y un bravucón. Es una ilustración de ló que significa el conocimiento de los puntos vitales de nuestro cuerpo.
Un bravucón cambia de habitos.
El bravucón Kojo era joven y fuerte cuando buscó camorra con Anko Itosu. A pesar de su fuerza y de su juventud, fue la pelea callejera más absurda (y la última) de su vida.
Como suele pasarles a los bravucones, Kojo se creía el tipo más fuerte de la ciudad. Practicaba la lucha con un grupo de jóvenes todas las tardes después del trabajo. Un día Kojo vio a Anko Itosu y uno de sus amigos decía, señalando al anciano: "Si quieres un desafio, prueba con el". "¿Quien es, no me parece tan fuerte?" preguntó Kojo. "Ese anciano es Itosu, el maestro de karate", le indicó su amigo.
El anciano tenía una larga barba gris y profundas arrugas en los ángulos de los ojos.
"Podría decir que he vencido a gran Anko Itosu", dijó Kojo. Pensó que su mejor opción era pillar a Itosu por sorpresa. Se aplastó contra la fachada de un restaurante, y esperó a que Itosu se dirigiese hacia la entrada. Itosu dio la vuelta a la esquina y sin previo aviso el bravucón saltó sobre el surgiendo de las sombras. Con un fuerte grito lanzó su mejor golpe de puño. Con un movimiento tan rápido que ni siguiera le dio tiempo a verlo, Itosu agarró la mano con la que el bravucón habia golpeado y se la metió debajo del brazo izquierdo. El dolor recorrió todo el brazo del bravucón como la descarga de un rayo.
"¿Y tú quién se supone que eres?", preguntó Itosu.
"Soy....soy Kojo", contestó el bravucón, jadeando de dolor.
"Bueno Kojo, ¿por qué no me acompañas? creo que tenemos unas cuantas cosas de que hablar", dijo Itosu.
Kojo no estaba en condiciones de negarse. Itosu tenía su brazo metido debajo del suyo. Cada cierto tiempo le daba, retorciendo, un pellizco en la muñeca para hacer saber al joven quién mandaba. Pero la mayor parte de la persuasión provenía de su agarre. Kojo se sentía como si su mano estuviese en un torno de banco. Tenía en ella un dolor punzante acompasado con el latido de su pulso.
"Bueno Kojo," dijo Itosu, "¿te conozco de algo? ¿Por qué se te ocurrió que tenías que atacarme?"
"Pues verá, señor", dijo Kojo, "era un reto".
"Ya veo", contestó Itosu.
"A veces venimos a la ciudad, yo con mis amigos", dijó Kojo, "y nos peleamos para poner en práctica nuestro karate." De repente el se dio cuenta de lo tonto que sonaba.
"Ya veo ", dijó Itosu y presionó con una torsión la muñeca de Kojo. El dolor recorrió como un relámpago desde la muñeca hasta el hombro, pasando por el codo.
"¿Y tu maestro de karate qué opina de esto? dijó Itosu.
"Bueno, en realidad no tenemos maestro", dijó Kojo.
"Ah", dijó Itosu con una gran sonrisa, "así que ése es el problema". Soltó el brazo de Kojo. El joven se frotó la mano intentando borrar las marcas dejadas por el dedo de Itosu. Tenía en la mano un dolor punzante y sentía una fuerte picazón al volver la circulación a los dedos.
"Lo que necesitas es un profesor. Estudiarás conmigo", dijó Itosu. "Tenemos que trabajar en tu velocidad y en tu kiai. Tu golpe de puño no está del todo mal, habrás de volver a aprender el movimiento de cadera para aumentar su potencia. Y por supuesto tendrás que dejar de buscar pelea."
"Si señor", respondió Kojo.
"Y tendrás que dejar de asustar a pobres ancianitos," dijó Itosu sonriendo burlonamente al joven.
Mi comentario.
Como has podido leerlo en otros articulos de mi blog, maestro Matsumura no tenía que pelearse con un herrero por qué solo con la fuerza de sus ojos y el tono de su kiai podía paralizar a su oponente. Tambien, por el respeto que el tenía por los animles, rehusaba de matar a un toro con sus manos.
Maestro Itosu no usaba la violencia (como por ejemplo una serie de puñetazos y patadas) para defenderse contra el ataque de un bravucón joven.
Para mí los actos de Matsumura y Itosu son ejemplos de lo que yó quiero conseguir.
Personalmente prefiero aprofundizar mi viaje en el sendero espiritual del karate-DO y kobu-DO y aprender todo lo que puedo sobre el arte del kyusho. Lo sé que mi verdadero poder no reside simplemente en defenderme con golpes y patadas sino en mejorar el control de mi mente, de mis emociones y en equilibrar mi espíritu. Mi objetivo final es de poder practicar el arte de no provocar la agresión. En otras palabras, poder, manteniendo la actitud mental adecuada, crear una atmósfera en la que al agresor en potencia le desaparezca el impulso agresivo. Creo que es mucha más importante que de tener un cinturón negro.
Un saludo cordial de Bruno
Sensei Paco Feliu me ha invitado el año pasado (2013) al examen de primer dan en karate y desde ya siete meses estoy preparandome. Me da un placer muy grande de aprender (entre otros katas) el kata que se llama "Itosu no Wansyu".
Por otro lado nuestro Sensei Miguel Gomez estará en Benissa durante el fin de semana del dia 04 hasta el dia 06 de abril 2014 impartiendo un curso de karate, kobudo y de kyusho.
En este contexto he encontrado en mi documentación una historia sobre el encuentro entre maestro Itosu y un bravucón. Es una ilustración de ló que significa el conocimiento de los puntos vitales de nuestro cuerpo.
Un bravucón cambia de habitos.
El bravucón Kojo era joven y fuerte cuando buscó camorra con Anko Itosu. A pesar de su fuerza y de su juventud, fue la pelea callejera más absurda (y la última) de su vida.
Como suele pasarles a los bravucones, Kojo se creía el tipo más fuerte de la ciudad. Practicaba la lucha con un grupo de jóvenes todas las tardes después del trabajo. Un día Kojo vio a Anko Itosu y uno de sus amigos decía, señalando al anciano: "Si quieres un desafio, prueba con el". "¿Quien es, no me parece tan fuerte?" preguntó Kojo. "Ese anciano es Itosu, el maestro de karate", le indicó su amigo.
El anciano tenía una larga barba gris y profundas arrugas en los ángulos de los ojos.
"Podría decir que he vencido a gran Anko Itosu", dijó Kojo. Pensó que su mejor opción era pillar a Itosu por sorpresa. Se aplastó contra la fachada de un restaurante, y esperó a que Itosu se dirigiese hacia la entrada. Itosu dio la vuelta a la esquina y sin previo aviso el bravucón saltó sobre el surgiendo de las sombras. Con un fuerte grito lanzó su mejor golpe de puño. Con un movimiento tan rápido que ni siguiera le dio tiempo a verlo, Itosu agarró la mano con la que el bravucón habia golpeado y se la metió debajo del brazo izquierdo. El dolor recorrió todo el brazo del bravucón como la descarga de un rayo.
"¿Y tú quién se supone que eres?", preguntó Itosu.
"Soy....soy Kojo", contestó el bravucón, jadeando de dolor.
"Bueno Kojo, ¿por qué no me acompañas? creo que tenemos unas cuantas cosas de que hablar", dijo Itosu.
Kojo no estaba en condiciones de negarse. Itosu tenía su brazo metido debajo del suyo. Cada cierto tiempo le daba, retorciendo, un pellizco en la muñeca para hacer saber al joven quién mandaba. Pero la mayor parte de la persuasión provenía de su agarre. Kojo se sentía como si su mano estuviese en un torno de banco. Tenía en ella un dolor punzante acompasado con el latido de su pulso.
"Bueno Kojo," dijo Itosu, "¿te conozco de algo? ¿Por qué se te ocurrió que tenías que atacarme?"
"Pues verá, señor", dijo Kojo, "era un reto".
"Ya veo", contestó Itosu.
"A veces venimos a la ciudad, yo con mis amigos", dijó Kojo, "y nos peleamos para poner en práctica nuestro karate." De repente el se dio cuenta de lo tonto que sonaba.
"Ya veo ", dijó Itosu y presionó con una torsión la muñeca de Kojo. El dolor recorrió como un relámpago desde la muñeca hasta el hombro, pasando por el codo.
"¿Y tu maestro de karate qué opina de esto? dijó Itosu.
"Bueno, en realidad no tenemos maestro", dijó Kojo.
"Ah", dijó Itosu con una gran sonrisa, "así que ése es el problema". Soltó el brazo de Kojo. El joven se frotó la mano intentando borrar las marcas dejadas por el dedo de Itosu. Tenía en la mano un dolor punzante y sentía una fuerte picazón al volver la circulación a los dedos.
"Lo que necesitas es un profesor. Estudiarás conmigo", dijó Itosu. "Tenemos que trabajar en tu velocidad y en tu kiai. Tu golpe de puño no está del todo mal, habrás de volver a aprender el movimiento de cadera para aumentar su potencia. Y por supuesto tendrás que dejar de buscar pelea."
"Si señor", respondió Kojo.
"Y tendrás que dejar de asustar a pobres ancianitos," dijó Itosu sonriendo burlonamente al joven.
Mi comentario.
Como has podido leerlo en otros articulos de mi blog, maestro Matsumura no tenía que pelearse con un herrero por qué solo con la fuerza de sus ojos y el tono de su kiai podía paralizar a su oponente. Tambien, por el respeto que el tenía por los animles, rehusaba de matar a un toro con sus manos.
Maestro Itosu no usaba la violencia (como por ejemplo una serie de puñetazos y patadas) para defenderse contra el ataque de un bravucón joven.
Para mí los actos de Matsumura y Itosu son ejemplos de lo que yó quiero conseguir.
Personalmente prefiero aprofundizar mi viaje en el sendero espiritual del karate-DO y kobu-DO y aprender todo lo que puedo sobre el arte del kyusho. Lo sé que mi verdadero poder no reside simplemente en defenderme con golpes y patadas sino en mejorar el control de mi mente, de mis emociones y en equilibrar mi espíritu. Mi objetivo final es de poder practicar el arte de no provocar la agresión. En otras palabras, poder, manteniendo la actitud mental adecuada, crear una atmósfera en la que al agresor en potencia le desaparezca el impulso agresivo. Creo que es mucha más importante que de tener un cinturón negro.
Un saludo cordial de Bruno
lunes, 20 de enero de 2014
Ahora Marcos Sala se llama Kenryu Sekiguchi
En julio del pasado año 2013, los maestros 21º Sekiguchi Takaaki Komei Sensei y Shimizu Nobuko Sensei , acudían a la localidad de Benissa para impartir un curso internacional de esgrima y lanza japonesa, de la mano de Marcos Sala.
La cordialidad en el recibimiento y durante toda su estancia, se ha
visto compensada con la invitación a nuestro amigo Marcos a participar en el Oshogatsu Hounou Enbukai de Yasukuni Jinja (celebraciòn sagrada de principios de año en el Santuario de Yasukuni).
El Santuario de Yasukuni se erigió en 1869 para acoger a los guerreros caídos en las Guerras Boshin, coincidiendo con el final de la época Edo y el bakufu Tokugawa y los inicios de la Restauración Meiji, algo que ha perdurado y continúa haciendo en la actualidad. Pese a las problemáticas políticas que suele tener debido a su implicación en la II Guerra Mundial, sigue siendo uno de los Santuarios Shintô más importantes de Japón.
Los japoneses celebran la Nochevieja-Año nuevo de una forma diferente a nosotros, así lo ha puesto de manifiesto Marcos, quien explicaba que "como detalle cultural, decir que la cena de Nochevieja empieza sobre las 19h. y que así a las 00:00 h. pueden tomar su tradicional toshikoshi soba (especie de sopa de fideos) en vez de las uvas como nosotros". Como curiosidad, Marcos añadía que "en vez de 12 campanadas, dan 108, para alejar los 108 pecados del rosario budista, aunque no hay que comerse los fideos a su son, simplemente es un acto cultural".
La importancia de la ceremonia de Ôharai en el país nipón es considerada de suma importancia. No en vano Marcos nos detallaba que "en Japón en las zonas portuarias, por ejemplo como Yokohama, los barcos hacen sonar sus sirenas en vez de campanadas. Desde este momento en adelante se puede celebrar el Hatsumôde o primer rezo del año en el templo Shintô, y el Templo Yasukuni es uno de los más importantes y céntricos de Japón (junto al Palacio Imperial) por lo que es de los que más visitas recibe, y de personajes importantes, como el Primer Ministro para realizar su Hatsumôde y Ôharai por lo que estar presente y siendo observado por estas personalidades mientras realizaba la exhibición sagrada junto a mis maestros ha sido una gran responsabilidad".
Marcos es ahora Hijo Adoptivo
"Mis maestros me han permitido acompañarles, no sólo en la exhibición de las artes marciales tradicionales, sino en la posterior ceremonia de Ôharai (gran barrido de malos espíritus) celebrada en el Oku no In o Sancta Sanctorum del templo, sólo reservado para sacerdotes y unos pocos elegidos. Para poder acceder y participar, los maestros me concedieron el grado de “hijo adoptivo“ rebautizandome, en el caso de la escuela de katana, con el nombre de Kenryû (espada y dragòn) Sekiguchi, concediéndome el maestro su apellido, y en el caso de la naginata, como Ryûko (dragón y tigre) Ryôen, cediéndome la maestra el nombre de la escuela como apellido. Este es un lugar donde un occidental difícilmente puede entrar y menos todavía participar en la ceremonia activamente".
Finalizaremos destacando el hecho que este año, nuestro amigo ha sido el único occidental y el primer español en la historia en participar de tan sagradas demostraciones.
Muchas felicidades Marcos.
El Santuario de Yasukuni se erigió en 1869 para acoger a los guerreros caídos en las Guerras Boshin, coincidiendo con el final de la época Edo y el bakufu Tokugawa y los inicios de la Restauración Meiji, algo que ha perdurado y continúa haciendo en la actualidad. Pese a las problemáticas políticas que suele tener debido a su implicación en la II Guerra Mundial, sigue siendo uno de los Santuarios Shintô más importantes de Japón.
Los japoneses celebran la Nochevieja-Año nuevo de una forma diferente a nosotros, así lo ha puesto de manifiesto Marcos, quien explicaba que "como detalle cultural, decir que la cena de Nochevieja empieza sobre las 19h. y que así a las 00:00 h. pueden tomar su tradicional toshikoshi soba (especie de sopa de fideos) en vez de las uvas como nosotros". Como curiosidad, Marcos añadía que "en vez de 12 campanadas, dan 108, para alejar los 108 pecados del rosario budista, aunque no hay que comerse los fideos a su son, simplemente es un acto cultural".
La importancia de la ceremonia de Ôharai en el país nipón es considerada de suma importancia. No en vano Marcos nos detallaba que "en Japón en las zonas portuarias, por ejemplo como Yokohama, los barcos hacen sonar sus sirenas en vez de campanadas. Desde este momento en adelante se puede celebrar el Hatsumôde o primer rezo del año en el templo Shintô, y el Templo Yasukuni es uno de los más importantes y céntricos de Japón (junto al Palacio Imperial) por lo que es de los que más visitas recibe, y de personajes importantes, como el Primer Ministro para realizar su Hatsumôde y Ôharai por lo que estar presente y siendo observado por estas personalidades mientras realizaba la exhibición sagrada junto a mis maestros ha sido una gran responsabilidad".
Marcos es ahora Hijo Adoptivo
"Mis maestros me han permitido acompañarles, no sólo en la exhibición de las artes marciales tradicionales, sino en la posterior ceremonia de Ôharai (gran barrido de malos espíritus) celebrada en el Oku no In o Sancta Sanctorum del templo, sólo reservado para sacerdotes y unos pocos elegidos. Para poder acceder y participar, los maestros me concedieron el grado de “hijo adoptivo“ rebautizandome, en el caso de la escuela de katana, con el nombre de Kenryû (espada y dragòn) Sekiguchi, concediéndome el maestro su apellido, y en el caso de la naginata, como Ryûko (dragón y tigre) Ryôen, cediéndome la maestra el nombre de la escuela como apellido. Este es un lugar donde un occidental difícilmente puede entrar y menos todavía participar en la ceremonia activamente".
Finalizaremos destacando el hecho que este año, nuestro amigo ha sido el único occidental y el primer español en la historia en participar de tan sagradas demostraciones.
Muchas felicidades Marcos.
jueves, 16 de enero de 2014
Más información sobre maestro Matsumura
Despuès de haber leido mis articulos sobre maestro Matsumura (o Matsumora) vari@s amig@s me han preguntado de publicar más información sobre su vida.
Amig@s mios es un verdadero placer para mi de poder ofreceros el articulo seguiente.
Matsumora Kosaku nació en 1829 en la ciudad de Tomari en la isla de Okinawa. Su familia pertenecía a la nobleza, siendo descendientes indirectos del primer rey Sho. Matsumora estudió Chino y Confucionismo en la escuela de Tomari, como correspondía a alguien de su posición.
Matsumora comenzó su aprendizaje de karate de la mano del maestro Uku Giko con el que estudió durante tres años. Con el maestro Giko aprendió los principios básicos del arte, los desplazamientos y poniendo gran énfasis en la movilidad de las posiciones (para ejecutar tai-sabaki) y el desarrollo de poder a partir de la rotación de las caderas para generar potencia. El maestro Giko enseñó a Matsumora los kata Naihanchi, Passai y Wanshu. Posteriormente Matsumora estudió con el maestro Teruya Kishin, que le enseñó los katas Wankan y Rohai. El maestro Teruya quedó muy impresionado por la habilidad del joven Matsumora y le ofreció enseñarle en el panteón familiar. Este era un gran honor para el joven Matsumora teniendo en cuenta que en esa época estaba prohibida la práctica del karate y éste se entrenaba en el más absoluto secreto, siendo frecuentes los entrenamientos durante la noche.
Cuando Matsumora tenía cerca de veinte años, tuvo lugar un enfrentamiento con un Samurai del Clan Satsuma. Matsumora logró desarmar al Samurai, lanzando su espada a un río, aunque durante el enfrentamiento Matsumora perdió un dedo de la mano. Para un Samurai la pérdida de su espada a manos de un nativo de Okinawa era sin duda una desgracia y un deshonor.
Debido a este enfrentamiento Matsumora tuvo que esconderse durante algún tiempo. Si los oficiales de Satsuma venían a buscarle sería fácil encontrar a un hombre con un dedo amputado recientemente. Por este motivo Matsumora dejo Tomari y se escondió en Nago en el distrito de Asahikawa. Después de varios años Matsumora regresó a Tomari.
Matsumora estudio también el uso del "Bo" o palo largo y el "Jo" (palo de unos 128 cm de longitud) de los que llegó a alcanzar una gran maestría. Estudió "jigen-ryu jojutsu".
El maestro Matsumora Kosaku fue sin duda uno de los más importantes maestros de Karate de la ciudad de Tomari y tuvo notables alumnos que más tarde llegarían a ser grandes maestros, entre los que se encuentran Yamazato Giki, Kuba Koho, Iha Kodatsu, Choki Motobu o Chotoku Kyan.
En una entrevista realizada a Choki Motobu en 1936 por el periódico "Ryukyu Shinpo", describía a su maestro Matsumora elogiando su fortaleza: "Matsumora de Tomari media cerca de 5 pies y 4 pulgadas de altura (1 metro y 63 centímetros), cerca de 1 pulgada (2'5 centímetros) más alto que nosotros, y pesaba cerca de 159 libras (72'6 kg). El parecía como un gran jarro! Su karate era totalmente diferente del de Itosu. Si hablamos de su fuerza física, Matsumora era igual que Sakuma; era un practicante realmente potente, era un bushi."
Matsumora Chikudon Peichin Kosaku falleció en 1898 y sería recordado en Tomari por su continua lucha contra las injusticias que el pueblo de Okinawa sufrió de manos de los Satsuma. Al día de hoy hay un monumento que lo recuerda en Tomari.
Otro historia que se cuenta de Matsumora, y que también hace referencia a la dimensión heroica que su figura adquirió en Okinawa, cuenta que una noche mientras practicaba en el mausoleo de la familia Teruya, un transeúnte se detuvo a observar sus movimientos. Matsumora se le acercó y el hombre se disculpó por molestar, elogiando sus habilidades y entregándole un trozo de papel, pero antes que el maestro hubiese terminado de leer, el desconocido había desaparecido. Matsumora mostró el papel al maestro Teruya quién respondió “Exactamente”. Algún tiempo después Kosaku Matsumora tuvo un destello de inspiración y en un momento comprendió el significado más profundo del mensaje “La esencia del budo es denunciar el pensamiento inmoral, la comprensión de la humanidad, siguiendo un camino virtuoso y dedicar su vida a cultivar la paz en Okinawa”. Este hecho que parece incongruente en tanto que no se explica qué decía el mensaje, ni por qué con el tiempo Matsumora llegó a esa revelación, es no obstante otra muestra de lo que significaba su personalidad como pacificador en Okinawa.
Un saludo cordial de Bruno
Amig@s mios es un verdadero placer para mi de poder ofreceros el articulo seguiente.
Matsumora Kosaku nació en 1829 en la ciudad de Tomari en la isla de Okinawa. Su familia pertenecía a la nobleza, siendo descendientes indirectos del primer rey Sho. Matsumora estudió Chino y Confucionismo en la escuela de Tomari, como correspondía a alguien de su posición.
Matsumora comenzó su aprendizaje de karate de la mano del maestro Uku Giko con el que estudió durante tres años. Con el maestro Giko aprendió los principios básicos del arte, los desplazamientos y poniendo gran énfasis en la movilidad de las posiciones (para ejecutar tai-sabaki) y el desarrollo de poder a partir de la rotación de las caderas para generar potencia. El maestro Giko enseñó a Matsumora los kata Naihanchi, Passai y Wanshu. Posteriormente Matsumora estudió con el maestro Teruya Kishin, que le enseñó los katas Wankan y Rohai. El maestro Teruya quedó muy impresionado por la habilidad del joven Matsumora y le ofreció enseñarle en el panteón familiar. Este era un gran honor para el joven Matsumora teniendo en cuenta que en esa época estaba prohibida la práctica del karate y éste se entrenaba en el más absoluto secreto, siendo frecuentes los entrenamientos durante la noche.
Cuando Matsumora tenía cerca de veinte años, tuvo lugar un enfrentamiento con un Samurai del Clan Satsuma. Matsumora logró desarmar al Samurai, lanzando su espada a un río, aunque durante el enfrentamiento Matsumora perdió un dedo de la mano. Para un Samurai la pérdida de su espada a manos de un nativo de Okinawa era sin duda una desgracia y un deshonor.
Debido a este enfrentamiento Matsumora tuvo que esconderse durante algún tiempo. Si los oficiales de Satsuma venían a buscarle sería fácil encontrar a un hombre con un dedo amputado recientemente. Por este motivo Matsumora dejo Tomari y se escondió en Nago en el distrito de Asahikawa. Después de varios años Matsumora regresó a Tomari.
Matsumora estudio también el uso del "Bo" o palo largo y el "Jo" (palo de unos 128 cm de longitud) de los que llegó a alcanzar una gran maestría. Estudió "jigen-ryu jojutsu".
El maestro Matsumora Kosaku fue sin duda uno de los más importantes maestros de Karate de la ciudad de Tomari y tuvo notables alumnos que más tarde llegarían a ser grandes maestros, entre los que se encuentran Yamazato Giki, Kuba Koho, Iha Kodatsu, Choki Motobu o Chotoku Kyan.
En una entrevista realizada a Choki Motobu en 1936 por el periódico "Ryukyu Shinpo", describía a su maestro Matsumora elogiando su fortaleza: "Matsumora de Tomari media cerca de 5 pies y 4 pulgadas de altura (1 metro y 63 centímetros), cerca de 1 pulgada (2'5 centímetros) más alto que nosotros, y pesaba cerca de 159 libras (72'6 kg). El parecía como un gran jarro! Su karate era totalmente diferente del de Itosu. Si hablamos de su fuerza física, Matsumora era igual que Sakuma; era un practicante realmente potente, era un bushi."
Matsumora Chikudon Peichin Kosaku falleció en 1898 y sería recordado en Tomari por su continua lucha contra las injusticias que el pueblo de Okinawa sufrió de manos de los Satsuma. Al día de hoy hay un monumento que lo recuerda en Tomari.
Otro historia que se cuenta de Matsumora, y que también hace referencia a la dimensión heroica que su figura adquirió en Okinawa, cuenta que una noche mientras practicaba en el mausoleo de la familia Teruya, un transeúnte se detuvo a observar sus movimientos. Matsumora se le acercó y el hombre se disculpó por molestar, elogiando sus habilidades y entregándole un trozo de papel, pero antes que el maestro hubiese terminado de leer, el desconocido había desaparecido. Matsumora mostró el papel al maestro Teruya quién respondió “Exactamente”. Algún tiempo después Kosaku Matsumora tuvo un destello de inspiración y en un momento comprendió el significado más profundo del mensaje “La esencia del budo es denunciar el pensamiento inmoral, la comprensión de la humanidad, siguiendo un camino virtuoso y dedicar su vida a cultivar la paz en Okinawa”. Este hecho que parece incongruente en tanto que no se explica qué decía el mensaje, ni por qué con el tiempo Matsumora llegó a esa revelación, es no obstante otra muestra de lo que significaba su personalidad como pacificador en Okinawa.
Un saludo cordial de Bruno
martes, 17 de diciembre de 2013
El Kiai de maestro Matsumura y el toro
El dia 15.12.2012 he publicado en éste blog una historia sobre maestro Matsumura. Has podido leer que maestro Matsumura podía vencer en un combate, solo con la fuerza de sus ojos y la fuerza de su Kiai. Significa que Sokon Matsumura ganaba con su fuerza mental, emocional y espiritual y no con su fuerza física. Por eso soy un admirador de uno de los más grandes maestros en artes marciales que hubo en la isla de Okinawa. Cuando Matsumura era niño estudió artes marciales con su maestro Tode Sakugawa. De adulto, Matsumura estuvo al servicio del rey de Okinawa, dirigiendo tanto el ejército como la guardia personal del monarca.
Como el toro está presente en muchas fiestas españolas, es imprescindible que añadimos la historia sobre...
Matsumura lucha contra un toro.
-¿No es magnifico?- pregunto el rey Sho a Matsumura.
Ante ellos, en un corral de los establos reales, un enorme toro escarbaba con la pata en el suelo.
-Sí, alteza- respondió Matsumura-. Es una bestia magnífica.
-Lo matarás tú- contestó el rey.
-¿Alteza?-se extraño Matsumura-. No estoy seguro de lo que me estaís pidiendo.
-En la fiesta de mañana-dijo el rey-. Lo matarás sin armas y todo el mundo verá que tu es el hombre más poderoso del reino.
-Señor, no he usado nunca mis conocimientos de artes marciales contra un animal. Es un arte de defensa, majestad, no para matar animales. ¿No podría serviros de otro modo?
El rey le lanzó una mirada de cólera.
-¿Te atreves a decirme cómo debes servirme? Lucharas con el toro.¿Entiendes? O to meteré en prisión. ¿Entendido?
-Sí, majestad. Lucharé con el toro.
Después de ponerse el sol, Matsumura se sentó solo en el borde del patio del palacio. "Usa tus conocimientos de artes marciales solo defensivamente", le había enseñado su maestro Sakugawa. "no uses nunca tu arte sólo para lucirte".
Matsumura atravesó el jardín, pasando la mano por las flores que había en el borde del sendero. De repente, un penetrante dolor artravesó su mano. En su dedo había clavada una espina de casi una pulgada de uno de los arbustos de flor chinos del rey que sobresalían hacia el sendero. Con cuidado, Matsumura se sacó la espina del dedo. Era sorprendente que algo tan pequeño pudiera causar tanto dolor. De repente se le ocurrío una idea y cruzo el jardín a toda prisa hasta los establos.
Los trabajadores se pusieron de pie en un salto y un anciano dijo ¿En qué puedo serviros, señor?
-Llévame hasta el toro- ordeno Matsumura.
-Desde luego, señor Matsumura-, dijo el encargado señalando hacia un corral. Matsumura se dirigió hasta el corral.
-Atadle- ordono, de manera que no pueda moverse.
-Si señor-.
-Ahora salid todos- ordeno Matsumura.
Entrando en el corral, Matsumura respiró hondo y se enfrentó al toro, es decir afrontó su miedo.
-El rey dice que tengo que derrotarte. Pero tu no eres enemigo mío-.
Se llevo la mano a un mechón de pelo que llevaba en lo alto de su cabeza y saco un prendedor. Matsumura había oído hablar de maestros de artes amrciales que eran capaces de matar con un prendedor.
Adoptó una sólida postura de combate delante del toro.
-Perdoname, amigo mio- dijo Matsumura. Entonces, desde lo más profundo de su interior, dejó salir un Kiai espeluznante, y como un rayo pinchó el morro del toro con su prendedor. El toro bramó y se debatió tirando de las cuerdas. Matsumura esperó con tanta calma como pudo. Con el tiempo el animal se calmó. De nuevo Matsumura dejó salir un potente Kiai y volvío a pinchar el animal ligeramente con su prendedor. Nuevamente el toro se debatió e intentó embestir. De nuevo Matsumura esperó a que el animal dejase de luchar. Una vez, y otra, y otra, Kiai, pinchazo, Kiai, pinchazo. Un poco más tarde salió de los establos al fresco aire nocturno.
Al día siguiente, en la fiesta, Matsumura, jefe de la guardia del rey, caminó en torno al coso, cuando el rey le observó y dijó:
-¿Supongo que estás preparado para encontrarte con el toro?-
-Por supuesto, majestad- contestó Matsumura.
Matsumura oyó anunciar su nombre. Caminó a grandes zancadas hasta el centro del ruedo entre las aclamaciones de la multitud. Sintió como el miedo crecía en su interior. Respiró hondo y trató de no pensar en ello. Quería enfrentarse con el toro con sus emociones y su mente claras. Hizó un señal con la cabeza al encargado de los establos, quien desató la cuerda que mantenía cerrada la puerta. Matsumura adoptó una posición de combate. El toro le vio y empezó a avanzar hacia él. Matsumura esperó. El toro aceleró hasta trotar. Matsumura esperó. El toro le embestió, casi echandosele encima. Rapidamente, Matsumura cambió de postura para dejar pasar el toro. Mientras lo hacía, gritó. El Kiai de Matsumura atravesó el aire como una onda expansiva. La multitud quedó en silencia. El toro se giró para mirar a Matsumura. Por un momento el tiempo se detuvo. La multitud contuvo el aliento. El toro y Matsumura se quedaron allí de pie mirándose fijamente a los ojos. Matsumura volvió a gritar su Kiai. Una mirada de reconocimiento brilló en el rostro del toro. Dio media vuelta y solió disparado hasta la parte más alejada del coso. Matsumura lo siguió y hizo Kiai otra vez. De nuevo el toro corrió y Matsumura salió en su persecución. La multitud prorumpió en aclamaciones.
-¡Bushi! ¡Bushi! ¡Bushi! - gritaban. (Bushi significa "guerrero")
Finalmente el rey se puso de pie, levantó la mano y la multitud poco a poco guardó silencio.
- ¡Matsumura! - grito -, ven ante de mí.
Matsumura se apartó del toro mientras el encargado de los estables y sus ayudantes se adelantaban con cuerdas y garrochas para devolver el animal a su corral. Caminó a grandes zancadas hasta el otro lado de la arena, donde el rey estaba en pie, y le hizo una profunda reverencia.
- Matsumura - dijo el rey -, grande es tu fuerza. Desde hoy en adelante serás conocido como "Bushi Matsumura", pues eres en verdad un gran guerrero.
Conclusion
A mi me gusta mucho la historia porque Matsumura no quería dañar el animal y que en circunstancias peligrosas se acordó de lo que su maestro Sakugawa lo había enseñado: "Usa tus conocimientos de artes marciales solo defensivamente". Matsumura sabía que tenía que afrontar su miedo. Como verdadero guerrero sabía tambien que su miedo era parte de su sombra.
Un saludo cordial de Bruno
Como el toro está presente en muchas fiestas españolas, es imprescindible que añadimos la historia sobre...
Matsumura lucha contra un toro.
-¿No es magnifico?- pregunto el rey Sho a Matsumura.
Ante ellos, en un corral de los establos reales, un enorme toro escarbaba con la pata en el suelo.
-Sí, alteza- respondió Matsumura-. Es una bestia magnífica.
-Lo matarás tú- contestó el rey.
-¿Alteza?-se extraño Matsumura-. No estoy seguro de lo que me estaís pidiendo.
-En la fiesta de mañana-dijo el rey-. Lo matarás sin armas y todo el mundo verá que tu es el hombre más poderoso del reino.
-Señor, no he usado nunca mis conocimientos de artes marciales contra un animal. Es un arte de defensa, majestad, no para matar animales. ¿No podría serviros de otro modo?
El rey le lanzó una mirada de cólera.
-¿Te atreves a decirme cómo debes servirme? Lucharas con el toro.¿Entiendes? O to meteré en prisión. ¿Entendido?
-Sí, majestad. Lucharé con el toro.
Después de ponerse el sol, Matsumura se sentó solo en el borde del patio del palacio. "Usa tus conocimientos de artes marciales solo defensivamente", le había enseñado su maestro Sakugawa. "no uses nunca tu arte sólo para lucirte".
Matsumura atravesó el jardín, pasando la mano por las flores que había en el borde del sendero. De repente, un penetrante dolor artravesó su mano. En su dedo había clavada una espina de casi una pulgada de uno de los arbustos de flor chinos del rey que sobresalían hacia el sendero. Con cuidado, Matsumura se sacó la espina del dedo. Era sorprendente que algo tan pequeño pudiera causar tanto dolor. De repente se le ocurrío una idea y cruzo el jardín a toda prisa hasta los establos.
Los trabajadores se pusieron de pie en un salto y un anciano dijo ¿En qué puedo serviros, señor?
-Llévame hasta el toro- ordeno Matsumura.
-Desde luego, señor Matsumura-, dijo el encargado señalando hacia un corral. Matsumura se dirigió hasta el corral.
-Atadle- ordono, de manera que no pueda moverse.
-Si señor-.
-Ahora salid todos- ordeno Matsumura.
Entrando en el corral, Matsumura respiró hondo y se enfrentó al toro, es decir afrontó su miedo.
-El rey dice que tengo que derrotarte. Pero tu no eres enemigo mío-.
Se llevo la mano a un mechón de pelo que llevaba en lo alto de su cabeza y saco un prendedor. Matsumura había oído hablar de maestros de artes amrciales que eran capaces de matar con un prendedor.
Adoptó una sólida postura de combate delante del toro.
-Perdoname, amigo mio- dijo Matsumura. Entonces, desde lo más profundo de su interior, dejó salir un Kiai espeluznante, y como un rayo pinchó el morro del toro con su prendedor. El toro bramó y se debatió tirando de las cuerdas. Matsumura esperó con tanta calma como pudo. Con el tiempo el animal se calmó. De nuevo Matsumura dejó salir un potente Kiai y volvío a pinchar el animal ligeramente con su prendedor. Nuevamente el toro se debatió e intentó embestir. De nuevo Matsumura esperó a que el animal dejase de luchar. Una vez, y otra, y otra, Kiai, pinchazo, Kiai, pinchazo. Un poco más tarde salió de los establos al fresco aire nocturno.
Al día siguiente, en la fiesta, Matsumura, jefe de la guardia del rey, caminó en torno al coso, cuando el rey le observó y dijó:
-¿Supongo que estás preparado para encontrarte con el toro?-
-Por supuesto, majestad- contestó Matsumura.
Matsumura oyó anunciar su nombre. Caminó a grandes zancadas hasta el centro del ruedo entre las aclamaciones de la multitud. Sintió como el miedo crecía en su interior. Respiró hondo y trató de no pensar en ello. Quería enfrentarse con el toro con sus emociones y su mente claras. Hizó un señal con la cabeza al encargado de los establos, quien desató la cuerda que mantenía cerrada la puerta. Matsumura adoptó una posición de combate. El toro le vio y empezó a avanzar hacia él. Matsumura esperó. El toro aceleró hasta trotar. Matsumura esperó. El toro le embestió, casi echandosele encima. Rapidamente, Matsumura cambió de postura para dejar pasar el toro. Mientras lo hacía, gritó. El Kiai de Matsumura atravesó el aire como una onda expansiva. La multitud quedó en silencia. El toro se giró para mirar a Matsumura. Por un momento el tiempo se detuvo. La multitud contuvo el aliento. El toro y Matsumura se quedaron allí de pie mirándose fijamente a los ojos. Matsumura volvió a gritar su Kiai. Una mirada de reconocimiento brilló en el rostro del toro. Dio media vuelta y solió disparado hasta la parte más alejada del coso. Matsumura lo siguió y hizo Kiai otra vez. De nuevo el toro corrió y Matsumura salió en su persecución. La multitud prorumpió en aclamaciones.
-¡Bushi! ¡Bushi! ¡Bushi! - gritaban. (Bushi significa "guerrero")
Finalmente el rey se puso de pie, levantó la mano y la multitud poco a poco guardó silencio.
- ¡Matsumura! - grito -, ven ante de mí.
Matsumura se apartó del toro mientras el encargado de los estables y sus ayudantes se adelantaban con cuerdas y garrochas para devolver el animal a su corral. Caminó a grandes zancadas hasta el otro lado de la arena, donde el rey estaba en pie, y le hizo una profunda reverencia.
- Matsumura - dijo el rey -, grande es tu fuerza. Desde hoy en adelante serás conocido como "Bushi Matsumura", pues eres en verdad un gran guerrero.
Conclusion
A mi me gusta mucho la historia porque Matsumura no quería dañar el animal y que en circunstancias peligrosas se acordó de lo que su maestro Sakugawa lo había enseñado: "Usa tus conocimientos de artes marciales solo defensivamente". Matsumura sabía que tenía que afrontar su miedo. Como verdadero guerrero sabía tambien que su miedo era parte de su sombra.
Un saludo cordial de Bruno
sábado, 21 de septiembre de 2013
Curso de otoño en Benissa
Querid@s amig@s,
En la primera fotografía puedes ver 3 alumnos de nuestra escuela de Benissa durante la exhibición en Senija.
La segunda fotografía es una copia del cartel con todo la información sobre el curso de otoño 2013 en Benissa, impartido por nuestro maestro Miguel Gomez.
Mos veremos.
Un abrazo de Bruno
lunes, 9 de septiembre de 2013
¿El DojoKun como cortafuegos?
Querid@ amig@,
Despues del curso de verano 2013 en Benissa he tomado contacto con mi amigo Andres, hablando de una cuestion muy
importante para mí. Esta cuestion es:
¿Que son las artes marciales sin la practica del aspecto meta-físico, es decir practicar lo que es karate/kobudo para la mente, el corazón y el alma?
Pues, para mi la respuesta es:
Sin un trabajo espiritual, es decir no solo con la mente, pero tambien con el corazon y el alma, los artes marciales son una actividad vacia de todo contenido real.
Hola Bruno.
He estado leyendo tu blog, creo que no lo había visto antes, pero yo soy
muy despistado y no puedo estar seguro. Es muy interesante y una representación
de eso que comentas en tus preguntas sobre si las artes marciales tienen o no
sentido sin un trabajo espiritual equivalente. Se ve que eres una persona que no
sólo observa a los demás sino que también se observa por dentro, algo no
demasiado frecuente, creo yo, aunque todo el mundo puede llegar a hacerlo. Ese
es el punto de partida para muchas cosas
En realidad, esa progresión espiritual o ese “darse cuenta” (como dicen los
budistas) o ese “tomar consciencia” (como dicen los taoistas), es algo a lo que
se puede llegar por muchas vías. Para ello sólo hace falta implicarse en cuerpo
y alma en alguna actividad, apostarlo todo a una o dos casillas del tablero,
pase lo que pase, y mantener la apuesta. Esa actividad puede ser una relación de
pareja, criar y aceptar a unos hijos, un cinturón de karate, convertirse en un
especialista en meditación o simplemente, tratar de entender la vida y lo bueno
y lo malo que nos haya podido suceder.
Si algo se toma con esa “pasión” surgen preguntas y muchas partes de la
propia naturaleza (lo que tu llamas “la sombra”) salen a la luz. Cada vez que
algo sale a la luz y se acepta, se produce una mayor reconciliación con uno
mismo y la vida y se gana un poquito más de paz interior. Sin embargo es un
camino durísimo donde a veces lo que sale a la luz son realidades de las que no
querríamos saber nada o que tiran abajo nuestras ideas sobre muchas cosas.
Aceptarlas es el coste para llegar más lejos y en cierta forma todos estamos
metidos en ese juego, sólo que unos saben que están jugando a él y otros no. En
mi caso personal, no han sido sólo las artes marciales las que me han hecho
darme cuenta de lo que te cuento, pero sin ellas habría sido mucho más difícil y
por eso les estoy muy agradecido.
Volviendo a las artes marciales, yo creo que en ellas se producen dos
etapas en lo que a ética y personalidad se refiere. Cuando uno comienza a
aprender un arte que le pone por encima del nivel de la población en general,
como puede ser karate, un arte visual (cine, pintura, etc), sanación o cualquier
cosa por la que uno pueda sentirse más y mayor persona que los demás, se produce
inmediatamente un crecimiento tremendo del ego. Este resulta de darle a alguien
un conocimiento que proporciona habilidades nuevas y que poca gente puede
demostrar. Debido a la necesidad de controlar ese ego en esa primera etapa, se
crea el DojoKun, la lista de normas y rituales en la práctica marcial que hablan
de humildad, cortesía y respeto. Su finalidad es sujetar la personalidad del
individuo y evitar que se convierta en un monstruo prepotente y probablemente
peligroso. Sin embargo, para mi esa es una contención necesaria pero hasta
cierto punto “artificial” ya que nace “de fuera” y viene impuesta por una
tradición y un maestro que quiere que sus alumnos permanezcan con los pies en la
tierra. Es el equivalente a un cortafuegos en un bosque.
Con el tiempo llega otra etapa, que es la del nacimiento desde dentro de
uno mismo de esos valores personales. Estos nacen cuando a partir de la práctica
intensa tomamos más y más consciencia de lo que tu llamas “las sombras” y nos
vamos volviendo más y más humildes y tranquilos cuando aceptamos las partes
retorcidas, frustradas y ambiciosas que todos llevamos dentro. Para mi, muchos
maestros y practicantes de artes marciales que he podido conocer en cursos por
España y otros países no han pasado a esta segunda etapa, están contenidos por
el “DojoKun externo” y a la mínima su ego les gobierna y les convierte en un
ejemplo contrario a lo que predican. Por supuesto, esto me ocurre a mi también
desde siempre y hoy por hoy lo que hago es observar ese proceso dentro de mi y
dejar que pierda fuerza cuando aparece. Precisamente porque lo he visto dentro
lo veo fuera
.
Un saludillo.
Andrés.
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