domingo, 9 de marzo de 2014

Maestro Itosu y un bravucon

Maestro Yasutsune "Anko" Itosu (1831-1915) fue un gran experto okinawense en artes marciales. En el linaje de nuestra escuela el se encuentra entre su propio maestro Sokon Matsumura (1798-1890) y su alumno Kenwa Mabuni (!889-!952) quién fue el fundador de nuestro estilo Shito Ryu. Por eso considero Anko Itosu como un abuelo del Shito Ryu.
Sensei Paco Feliu me ha invitado el año pasado (2013) al examen de primer dan en karate y desde ya siete meses estoy preparandome. Me da un placer muy grande de aprender (entre otros katas) el kata que se llama "Itosu no Wansyu".
Por otro lado nuestro Sensei Miguel Gomez estará en Benissa durante el fin de semana del dia 04 hasta el dia 06 de abril 2014 impartiendo un curso de karate, kobudo y de kyusho.
En este contexto he encontrado en mi documentación una historia sobre el encuentro entre maestro Itosu y un bravucón. Es una ilustración de ló que significa el conocimiento de los puntos vitales de nuestro cuerpo.

Un bravucón cambia de habitos.

El bravucón Kojo era joven y fuerte cuando buscó camorra con Anko Itosu. A pesar de su fuerza y de su juventud, fue la pelea callejera más absurda (y la última) de su vida.
Como suele pasarles a los bravucones, Kojo se creía el tipo más fuerte de la ciudad. Practicaba la lucha con un grupo de jóvenes todas las tardes después del trabajo. Un día Kojo vio a Anko Itosu y uno de sus amigos decía, señalando al anciano: "Si quieres un desafio, prueba con el". "¿Quien es, no me parece tan fuerte?" preguntó Kojo. "Ese anciano es Itosu, el maestro de karate", le indicó su amigo.
El anciano tenía una larga barba gris y profundas arrugas en los ángulos de los ojos.
"Podría decir que he vencido a gran Anko Itosu", dijó Kojo. Pensó que su mejor opción era pillar a Itosu por sorpresa. Se aplastó contra la fachada de un restaurante, y esperó a que Itosu se dirigiese hacia la entrada. Itosu dio la vuelta a la esquina y sin previo aviso el bravucón saltó sobre el surgiendo de las sombras. Con un fuerte grito lanzó su mejor golpe de puño. Con un movimiento tan rápido que ni siguiera le dio tiempo a verlo, Itosu agarró la mano con la que el bravucón habia golpeado y se la metió debajo del brazo izquierdo. El dolor recorrió todo el brazo del bravucón como la descarga de un rayo.
"¿Y tú quién se supone que eres?", preguntó Itosu.
"Soy....soy Kojo", contestó el bravucón, jadeando de dolor.
"Bueno Kojo, ¿por qué no me acompañas? creo que tenemos unas cuantas cosas de que hablar", dijo Itosu.
Kojo no estaba en condiciones de negarse. Itosu tenía su brazo metido debajo del suyo. Cada cierto tiempo le daba, retorciendo, un pellizco en la muñeca para hacer saber al joven quién mandaba. Pero la mayor parte de la persuasión provenía de su agarre. Kojo se sentía como si su mano estuviese en un torno de banco. Tenía en ella un dolor punzante acompasado con el latido de su pulso.
"Bueno Kojo," dijo Itosu, "¿te conozco de algo? ¿Por qué se te ocurrió que tenías que atacarme?"
"Pues verá, señor", dijo Kojo, "era un reto".
"Ya veo", contestó Itosu.
"A veces venimos a la ciudad, yo con mis amigos", dijó Kojo, "y nos peleamos para poner en práctica nuestro karate." De repente el se dio cuenta de lo tonto que sonaba.
"Ya veo ", dijó Itosu y presionó con una torsión la muñeca de Kojo. El dolor recorrió como un relámpago desde la muñeca hasta el hombro, pasando por el codo.
"¿Y tu maestro de karate qué opina de esto? dijó Itosu.
"Bueno, en realidad no tenemos maestro", dijó Kojo.
"Ah", dijó Itosu con una gran sonrisa, "así que ése es el problema". Soltó el brazo de Kojo. El joven se frotó la mano intentando borrar las marcas dejadas por el dedo de Itosu. Tenía en la mano un dolor punzante y sentía una fuerte picazón al volver la circulación a los dedos.
"Lo que necesitas es un profesor. Estudiarás conmigo", dijó Itosu. "Tenemos que trabajar en tu velocidad y en tu kiai. Tu golpe de puño no está del todo mal, habrás de volver a aprender el movimiento de cadera para aumentar su potencia. Y por supuesto tendrás que dejar de buscar pelea."
"Si señor", respondió Kojo.
"Y tendrás que dejar de asustar a pobres ancianitos," dijó Itosu sonriendo burlonamente al joven.


Mi comentario.
Como has podido leerlo en otros articulos de mi blog, maestro Matsumura no tenía que pelearse con un herrero por qué solo con la fuerza de sus ojos y el tono de su kiai podía paralizar a su oponente. Tambien, por el respeto que el tenía por los animles, rehusaba de matar a un toro con sus manos.
Maestro Itosu no usaba la violencia (como por ejemplo una serie de puñetazos y patadas) para defenderse contra el ataque de un bravucón joven.
Para mí los actos de Matsumura y Itosu son ejemplos de lo que yó quiero conseguir.
Personalmente prefiero aprofundizar mi viaje en el sendero espiritual del karate-DO y kobu-DO y aprender todo lo que puedo sobre el arte del kyusho. Lo sé que mi verdadero poder no reside simplemente en defenderme con golpes y patadas sino en mejorar el control de mi mente, de mis emociones y en equilibrar mi espíritu. Mi objetivo final es de poder practicar el arte de no provocar la agresión. En otras palabras, poder, manteniendo la actitud mental adecuada, crear una atmósfera en la que al agresor en potencia le desaparezca el impulso agresivo. Creo que es mucha más importante que de tener un cinturón negro.

Un saludo cordial de Bruno

lunes, 20 de enero de 2014

Ahora Marcos Sala se llama Kenryu Sekiguchi

En julio del pasado año 2013, los maestros 21º Sekiguchi Takaaki Komei Sensei y Shimizu Nobuko Sensei , acudían a la localidad de Benissa para impartir un curso internacional de esgrima y lanza japonesa, de la mano de Marcos Sala.   La cordialidad en el recibimiento y durante toda su estancia, se ha visto compensada con la invitación a nuestro amigo Marcos a participar en el Oshogatsu Hounou Enbukai de Yasukuni Jinja (celebraciòn sagrada de principios de año en el Santuario de Yasukuni).

El Santuario de Yasukuni se erigió en 1869 para acoger a los guerreros caídos en las Guerras Boshin, coincidiendo con el final de la época Edo y el bakufu Tokugawa y los inicios de la Restauración Meiji, algo que ha perdurado y continúa haciendo en la actualidad. Pese a las problemáticas políticas que suele tener debido a su implicación en la II Guerra Mundial, sigue siendo uno de los Santuarios Shintô más importantes de Japón.

Los japoneses celebran la Nochevieja-Año nuevo de una forma diferente a nosotros, así lo ha puesto de manifiesto Marcos, quien explicaba que "como detalle cultural, decir que la cena de Nochevieja empieza sobre las 19h. y que así a las 00:00 h. pueden tomar su tradicional toshikoshi soba (especie de sopa de fideos) en vez de las uvas como nosotros". Como curiosidad, Marcos añadía que "en vez de 12 campanadas, dan 108, para alejar los 108 pecados del rosario budista, aunque no hay que comerse los fideos a su son, simplemente es un acto cultural".
La importancia de la ceremonia de Ôharai en el país nipón es considerada de suma importancia. No en vano Marcos nos detallaba que "en Japón en las zonas portuarias, por ejemplo como Yokohama, los barcos hacen sonar sus sirenas en vez de campanadas. Desde este momento en adelante se puede celebrar el Hatsumôde o primer rezo del año en el templo Shintô, y el Templo Yasukuni es uno de los más importantes y céntricos de Japón (junto al Palacio Imperial) por lo que es de los que más visitas recibe, y de personajes importantes, como el Primer Ministro para realizar su Hatsumôde y Ôharai por lo que estar presente y siendo observado por estas personalidades mientras realizaba la exhibición sagrada junto a mis maestros ha sido una gran responsabilidad".

Marcos es ahora Hijo Adoptivo

"Mis maestros me han permitido acompañarles, no sólo en la exhibición de las artes marciales tradicionales, sino en la posterior ceremonia de Ôharai (gran barrido de malos espíritus) celebrada en el Oku no In o Sancta Sanctorum del templo, sólo reservado para sacerdotes y unos pocos elegidos. Para poder acceder y participar, los maestros me concedieron el grado de “hijo adoptivo“ rebautizandome, en el caso de la escuela de katana, con el nombre de Kenryû (espada y dragòn) Sekiguchi, concediéndome el maestro su apellido, y en el caso de la naginata, como Ryûko (dragón y tigre) Ryôen, cediéndome la maestra el nombre de la escuela como apellido. Este es un lugar donde un occidental difícilmente puede entrar y menos todavía participar en la ceremonia activamente".

Finalizaremos destacando el hecho que este año, nuestro amigo ha sido el único occidental y el primer español en la historia en participar de tan sagradas demostraciones.

Muchas felicidades Marcos.

jueves, 16 de enero de 2014

Más información sobre maestro Matsumura

Despuès de haber leido mis articulos sobre maestro Matsumura (o Matsumora) vari@s amig@s me han preguntado de publicar más información sobre su vida.
Amig@s mios es un verdadero placer para mi de poder ofreceros el articulo seguiente.

Matsumora Kosaku nació en 1829 en la ciudad de Tomari en la isla de Okinawa. Su familia pertenecía a la nobleza, siendo descendientes indirectos del primer rey Sho. Matsumora estudió Chino y Confucionismo en la escuela de Tomari, como correspondía a alguien de su posición.
Matsumora comenzó su aprendizaje de karate de la mano del maestro Uku Giko con el que estudió durante tres años. Con el maestro Giko aprendió los principios básicos del arte, los desplazamientos y poniendo gran énfasis en la movilidad de las posiciones (para ejecutar tai-sabaki) y el desarrollo de poder a partir de la rotación de las caderas para generar potencia. El maestro Giko enseñó a Matsumora los kata Naihanchi, Passai y Wanshu. Posteriormente Matsumora estudió con el maestro Teruya Kishin, que le enseñó los katas Wankan y Rohai. El maestro Teruya quedó muy impresionado por la habilidad del joven Matsumora y le ofreció enseñarle en el panteón familiar. Este era un gran honor para el joven Matsumora teniendo en cuenta que en esa época estaba prohibida la práctica del karate y éste se entrenaba en el más absoluto secreto, siendo frecuentes los entrenamientos durante la noche.
Cuando Matsumora tenía cerca de veinte años, tuvo lugar un enfrentamiento con un Samurai del Clan Satsuma. Matsumora logró desarmar al Samurai, lanzando su espada a un río, aunque durante el enfrentamiento Matsumora perdió un dedo de la mano. Para un Samurai la pérdida de su espada a manos de un nativo de Okinawa era sin duda una desgracia y un deshonor.
Debido a este enfrentamiento Matsumora tuvo que esconderse durante algún tiempo. Si los oficiales de Satsuma venían a buscarle sería fácil encontrar a un hombre con un dedo amputado recientemente. Por este motivo Matsumora dejo Tomari y se escondió en Nago en el distrito de Asahikawa. Después de varios años Matsumora regresó a Tomari.
Matsumora estudio también el uso del "Bo" o palo largo y el "Jo" (palo de unos 128 cm de longitud) de los que llegó a alcanzar una gran maestría. Estudió "jigen-ryu jojutsu".
El maestro Matsumora Kosaku fue sin duda uno de los más importantes maestros de Karate de la ciudad de Tomari y tuvo notables alumnos que más tarde llegarían a ser grandes maestros, entre los que se encuentran Yamazato Giki, Kuba Koho, Iha Kodatsu, Choki Motobu o Chotoku Kyan.
En una entrevista realizada a Choki Motobu en 1936 por el periódico "Ryukyu Shinpo", describía a su maestro Matsumora elogiando su fortaleza: "Matsumora de Tomari media cerca de 5 pies y 4 pulgadas de altura (1 metro y 63 centímetros), cerca de 1 pulgada (2'5 centímetros) más alto que nosotros, y pesaba cerca de 159 libras (72'6 kg). El parecía como un gran jarro! Su karate era totalmente diferente del de Itosu. Si hablamos de su fuerza física, Matsumora era igual que Sakuma; era un practicante realmente potente, era un bushi."
Matsumora Chikudon Peichin Kosaku falleció en 1898 y sería recordado en Tomari por su continua lucha contra las injusticias que el pueblo de Okinawa sufrió de manos de los Satsuma. Al día de hoy hay un monumento que lo recuerda en Tomari.
Otro historia que se cuenta de Matsumora, y que también hace referencia a la dimensión heroica que su figura adquirió en Okinawa, cuenta que una noche mientras practicaba en el mausoleo de la familia Teruya, un transeúnte se detuvo a observar sus movimientos. Matsumora se le acercó y el hombre se disculpó por molestar, elogiando sus habilidades y entregándole un trozo de papel, pero antes que el maestro hubiese terminado de leer, el desconocido había desaparecido. Matsumora mostró el papel al maestro Teruya quién respondió “Exactamente”. Algún tiempo después Kosaku Matsumora tuvo un destello de inspiración y en un momento comprendió el significado más profundo del mensaje “La esencia del budo es denunciar el pensamiento inmoral, la comprensión de la humanidad, siguiendo un camino virtuoso y dedicar su vida a cultivar la paz en Okinawa”. Este hecho que parece incongruente en tanto que no se explica qué decía el mensaje, ni por qué con el tiempo Matsumora llegó a esa revelación, es no obstante otra muestra de lo que significaba su personalidad como pacificador en Okinawa.


Un saludo cordial de Bruno








martes, 17 de diciembre de 2013

El Kiai de maestro Matsumura y el toro

El dia 15.12.2012 he publicado en éste blog una historia sobre maestro Matsumura. Has podido leer que maestro Matsumura podía vencer en un combate, solo con la fuerza de sus ojos y la fuerza de su Kiai. Significa que Sokon Matsumura ganaba con su fuerza mental, emocional y espiritual y no con su fuerza física. Por eso soy un admirador de uno de los más grandes maestros en artes marciales que hubo en la isla de Okinawa. Cuando Matsumura era niño estudió artes marciales con su maestro Tode Sakugawa. De adulto, Matsumura estuvo al servicio del rey de Okinawa, dirigiendo tanto el ejército como la guardia personal del monarca.
Como el toro está presente en muchas fiestas españolas, es imprescindible que añadimos la historia sobre...

Matsumura lucha contra un toro.

-¿No es magnifico?- pregunto el rey Sho a Matsumura.
Ante ellos, en un corral de los establos reales, un enorme toro escarbaba con la pata en el suelo.
-Sí, alteza- respondió Matsumura-. Es una bestia magnífica.
-Lo matarás tú- contestó el rey.
-¿Alteza?-se extraño Matsumura-. No estoy seguro de lo que me estaís pidiendo.
-En la fiesta de mañana-dijo el rey-. Lo matarás sin armas y todo el mundo verá que tu es el hombre más poderoso del reino.
-Señor, no he usado nunca mis conocimientos de artes marciales contra un animal. Es un arte de defensa, majestad, no para matar animales. ¿No podría serviros de otro modo?
El rey le lanzó una mirada de cólera.
-¿Te atreves a decirme cómo debes servirme? Lucharas con el toro.¿Entiendes? O to meteré en prisión. ¿Entendido?
-Sí, majestad. Lucharé con el toro.

Después de ponerse el sol, Matsumura se sentó solo en el borde del patio del palacio. "Usa tus conocimientos de artes marciales solo defensivamente", le había enseñado su maestro Sakugawa. "no uses nunca tu arte sólo para lucirte".

Matsumura atravesó el jardín, pasando la mano por las flores que había en el borde del sendero. De repente, un penetrante dolor artravesó su mano. En su dedo había clavada una espina de casi una pulgada de uno de los arbustos de flor chinos del rey que sobresalían hacia el sendero. Con cuidado, Matsumura se sacó la espina del dedo. Era sorprendente que algo tan pequeño pudiera causar tanto dolor. De repente se le ocurrío una idea y cruzo el jardín a toda prisa hasta los establos.
Los trabajadores se pusieron de pie en un salto y un anciano dijo ¿En qué puedo serviros, señor?
-Llévame hasta el toro- ordeno Matsumura.
-Desde luego, señor Matsumura-, dijo el encargado señalando hacia un corral. Matsumura se dirigió hasta el corral.
-Atadle- ordono, de manera que no pueda moverse.
-Si señor-.
-Ahora salid todos- ordeno Matsumura.
Entrando en el corral, Matsumura respiró hondo y se enfrentó al toro, es decir afrontó su miedo.
-El rey dice que tengo que derrotarte. Pero tu no eres enemigo mío-.
Se llevo la mano a un mechón de pelo que llevaba en lo alto de su cabeza y saco un prendedor. Matsumura había oído hablar de maestros de artes amrciales que eran capaces de matar con un prendedor.
Adoptó una sólida postura de combate delante del toro.
-Perdoname, amigo mio- dijo Matsumura. Entonces, desde lo más profundo de su interior, dejó salir un Kiai espeluznante, y como un rayo pinchó el morro del toro con su prendedor. El toro bramó y se debatió tirando de las cuerdas. Matsumura esperó con tanta calma como pudo. Con el tiempo el animal se calmó. De nuevo Matsumura dejó salir un potente Kiai y volvío a pinchar el animal ligeramente con su prendedor. Nuevamente el toro se debatió e intentó embestir. De nuevo Matsumura esperó a que el animal dejase de luchar. Una vez, y otra, y otra, Kiai, pinchazo, Kiai, pinchazo. Un poco más tarde salió de los establos al fresco aire nocturno.
Al día siguiente, en la fiesta, Matsumura, jefe de la guardia del rey, caminó en torno al coso, cuando el rey le observó y dijó:
-¿Supongo que estás preparado para encontrarte con el toro?-
-Por supuesto, majestad- contestó Matsumura.
Matsumura oyó anunciar su nombre. Caminó a grandes zancadas hasta el centro del ruedo entre las aclamaciones de la multitud. Sintió como el miedo crecía en su interior. Respiró hondo y trató de no pensar en ello. Quería enfrentarse con el toro con sus emociones y su mente claras. Hizó un señal con la cabeza al encargado de los establos, quien desató la cuerda que mantenía cerrada la puerta. Matsumura adoptó una posición de combate. El toro le vio y empezó a avanzar hacia él. Matsumura esperó. El toro aceleró hasta trotar. Matsumura esperó. El toro le embestió, casi echandosele encima. Rapidamente, Matsumura cambió de postura para dejar pasar el toro. Mientras lo hacía, gritó. El Kiai de Matsumura atravesó el aire como una onda expansiva. La multitud quedó en silencia. El toro se giró para mirar a Matsumura. Por un momento el tiempo se detuvo. La multitud contuvo el aliento. El toro y Matsumura se quedaron allí de pie mirándose fijamente a los ojos. Matsumura volvió a gritar su Kiai. Una mirada de reconocimiento brilló en el rostro del toro. Dio media vuelta y solió disparado hasta la parte más alejada del coso. Matsumura lo siguió y hizo Kiai otra vez. De nuevo el toro corrió y Matsumura salió en su persecución. La multitud prorumpió en aclamaciones.
-¡Bushi! ¡Bushi! ¡Bushi! - gritaban. (Bushi significa "guerrero")
Finalmente el rey se puso de pie, levantó la mano y la multitud poco a poco guardó silencio.
- ¡Matsumura! - grito -, ven ante de mí.
Matsumura se apartó del toro mientras el encargado de los estables y sus ayudantes se adelantaban con cuerdas y garrochas para devolver el animal a su corral. Caminó a grandes zancadas hasta el otro lado de la arena, donde el rey estaba en pie, y le hizo una profunda reverencia.
- Matsumura - dijo el rey -, grande es tu fuerza. Desde hoy en adelante serás conocido como "Bushi Matsumura", pues eres en verdad un gran guerrero.

Conclusion
A mi me gusta mucho la historia porque Matsumura no quería dañar el animal y que en circunstancias peligrosas se acordó de lo que su maestro Sakugawa lo había enseñado: "Usa tus conocimientos de artes marciales solo defensivamente". Matsumura sabía que tenía que afrontar su miedo. Como verdadero guerrero sabía tambien que su miedo era parte de su sombra.

Un saludo cordial de Bruno

sábado, 21 de septiembre de 2013

Curso de otoño en Benissa


Querid@s amig@s,

En la primera fotografía puedes ver 3 alumnos de nuestra escuela de Benissa durante la exhibición en Senija.

La segunda fotografía es una copia del cartel con todo la información sobre el curso de otoño 2013 en Benissa, impartido por nuestro maestro Miguel Gomez.

Mos veremos.

Un abrazo de Bruno

lunes, 9 de septiembre de 2013

¿El DojoKun como cortafuegos?

Querid@ amig@,
Despues del curso de verano 2013 en Benissa he tomado contacto con mi amigo Andres, hablando de una cuestion muy importante para mí. Esta cuestion es:

¿Que son las artes marciales sin la practica del aspecto meta-físico, es decir practicar lo que es karate/kobudo para la mente, el corazón y el alma?

Pues, para mi la respuesta es:

Sin un trabajo espiritual, es decir no solo con la mente, pero tambien con el corazon y el alma, los artes marciales son una actividad vacia de todo contenido real.
Ha sido un placer para mi de recibir la respuesta de Andres. 



Hola Bruno.
He estado leyendo tu blog, creo que no lo había visto antes, pero yo soy muy despistado y no puedo estar seguro. Es muy interesante y una representación de eso que comentas en tus preguntas sobre si las artes marciales tienen o no sentido sin un trabajo espiritual equivalente. Se ve que eres una persona que no sólo observa a los demás sino que también se observa por dentro, algo no demasiado frecuente, creo yo, aunque todo el mundo puede llegar a hacerlo. Ese es el punto de partida para muchas cosas
En realidad, esa progresión espiritual o ese “darse cuenta” (como dicen los budistas) o ese “tomar consciencia” (como dicen los taoistas), es algo a lo que se puede llegar por muchas vías. Para ello sólo hace falta implicarse en cuerpo y alma en alguna actividad, apostarlo todo a una o dos casillas del tablero, pase lo que pase, y mantener la apuesta. Esa actividad puede ser una relación de pareja, criar y aceptar a unos hijos, un cinturón de karate, convertirse en un especialista en meditación o simplemente, tratar de entender la vida y lo bueno y lo malo que nos haya podido suceder.
Si algo se toma con esa “pasión” surgen preguntas y muchas partes de la propia naturaleza (lo que tu llamas “la sombra”) salen a la luz. Cada vez que algo sale a la luz y se acepta, se produce una mayor reconciliación con uno mismo y la vida y se gana un poquito más de paz interior. Sin embargo es un camino durísimo donde a veces lo que sale a la luz son realidades de las que no querríamos saber nada o que tiran abajo nuestras ideas sobre muchas cosas. Aceptarlas es el coste para llegar más lejos y en cierta forma todos estamos metidos en ese juego, sólo que unos saben que están jugando a él y otros no. En mi caso personal, no han sido sólo las artes marciales las que me han hecho darme cuenta de lo que te cuento, pero sin ellas habría sido mucho más difícil y por eso les estoy muy agradecido.
Volviendo a las artes marciales, yo creo que en ellas se producen dos etapas en lo que a ética y personalidad se refiere. Cuando uno comienza a aprender un arte que le pone por encima del nivel de la población en general, como puede ser karate, un arte visual (cine, pintura, etc), sanación o cualquier cosa por la que uno pueda sentirse más y mayor persona que los demás, se produce inmediatamente un crecimiento tremendo del ego. Este resulta de darle a alguien un conocimiento que proporciona habilidades nuevas y que poca gente puede demostrar. Debido a la necesidad de controlar ese ego en esa primera etapa, se crea el DojoKun, la lista de normas y rituales en la práctica marcial que hablan de humildad, cortesía y respeto. Su finalidad es sujetar la personalidad del individuo y evitar que se convierta en un monstruo prepotente y probablemente peligroso. Sin embargo, para mi esa es una contención necesaria pero hasta cierto punto “artificial” ya que nace “de fuera” y viene impuesta por una tradición y un maestro que quiere que sus alumnos permanezcan con los pies en la tierra. Es el equivalente a un cortafuegos en un bosque.
Con el tiempo llega otra etapa, que es la del nacimiento desde dentro de uno mismo de esos valores personales. Estos nacen cuando a partir de la práctica intensa tomamos más y más consciencia de lo que tu llamas “las sombras” y nos vamos volviendo más y más humildes y tranquilos cuando aceptamos las partes retorcidas, frustradas y ambiciosas que todos llevamos dentro. Para mi, muchos maestros y practicantes de artes marciales que he podido conocer en cursos por España y otros países no han pasado a esta segunda etapa, están contenidos por el “DojoKun externo” y a la mínima su ego les gobierna y les convierte en un ejemplo contrario a lo que predican. Por supuesto, esto me ocurre a mi también desde siempre y hoy por hoy lo que hago es observar ese proceso dentro de mi y dejar que pierda fuerza cuando aparece. Precisamente porque lo he visto dentro lo veo fuera Sonrisa.
Un saludillo.
Andrés.

viernes, 9 de agosto de 2013

El telediario perjudica la salud

El telediario perjudica la salud

Una idea interesante desarrollada por Rolf Dobelli es que la acumulación de noticias informativas que nos llegan perjudican la salud.

Hacen que nos volvamos más temerosos y agresivos y disminuyen la creatividad y la capacidad de reflexión. Si deja de leer los periódicos por completo, se sentirá más feliz. Está demostrado.

Las noticias son al cerebro lo que el azúcar es al cuerpo. Son fáciles de tragar, y nos facilitan pequeños bocados de placer, no requieren ningún esfuerzo, pero nos acaban perjudicando. Aunque parezca que simplemente nos mantienen informados, las “noticias” nos llenan el cerebro de hechos que carecen de utilidad práctica o teórica alguna para nuestras vidas, que se escapan de nuestro ámbito de acción y que, a menudo, no nos conciernen en absoluto.

Por eso, y a diferencia de lo que ocurre al leer libros, podemos llegar a tragarnos una cantidad ilimitada de titulares, como si de caramelos multicolores para el alma se tratase.

Las noticias son tóxicas

Fíjese en el siguiente ejemplo: un coche pasa sobre un puente y el puente se viene abajo. ¿Cómo abordará la prensa la noticia? Si el conductor sale con vida, puede estar seguro de que será el primero en tener la palabra en el telediario de las nueve. ¿Por qué? Porque es algo excitante para el espectador, el cual va a llegar a sentir todo tipo de emociones fuertes al escuchar el testimonio (adónde se dirigía el conductor, en qué estaba pensando, lo que sintió...), y también porque para el periodista es una información fácil, rápida y barata de producir. La información más útil que se habría podido extraer de lo sucedido sería la solidez del puente, su estructura y el riesgo de que algo semejante ocurriese en otro lugar. No obstante, eso es algo demasiado complicado de analizar y explicar en “las noticias”.

El peligro de la información que nos facilitan de ese modo es que falsea nuestra apreciación del riesgo. Por ejemplo, y por culpa del protagonismo que tienen unas u otras noticias en la prensa y los telediarios, se sobreestima el riesgo de morir en un atentado terrorista y, sin embargo, se subestima el de morir por estrés crónico. De igual forma se sobrestima la felicidad que crea el hecho de ser rico y se subestima la posibilidad de arruinarse la vida por elegir mal al cónyuge.

El abuso de noticias es realmente tóxico para nuestro cerebro, y el único modo de protegernos sería dejar de consumirlas por completo.

No es posible actuar de forma racional ante las imágenes emitidas en los medios de comunicación. Ver cómo se estrella un avión nos marcará tanto que no podremos evitar pensar en ello la próxima vez que nos subamos a uno, independientemente de cuál sea la probabilidad real de que algo así nos ocurra.

Las noticias son inútiles

“De entre las 10.000 noticias que haya leído o escuchado en los últimos doce meses, cite una que le haya ayudado a tomar una decisión más acertada con relación a su vida privada o profesional”, dice Rolf Dobelli.

Efectivamente, el consumo de noticias no tiene ninguna utilidad práctica. Mientras que nuestro cerebro necesita hacer un esfuerzo para asimilar las cosas que tienen alguna utilidad, sin embargo no hace ningún esfuerzo para absorber algo que es simplemente “nuevo”.

Nos hacemos ilusiones al pensar que por acumular un gran número de noticias en nuestro cerebro, llegaremos a entender el mundo mejor. Y ocurre lo contrario. Todo lo importante que debemos saber sobre la vida no está en las noticias, sino que surge lentamente de nuestras propias reflexiones.

Así es en el caso de la vida personal, pero también en el de la profesional. Si estar al corriente de las noticias fuese relevante para nuestra trayectoria profesional, los periodistas que elaboran esas noticias se encontrarían en la cima de la pirámide. Y no es el caso.

Y la razón es que las noticias no hacen que reflexionemos, ya que lo único que hacen es ayudar a consolidar nuestros prejuicios. Para reflexionar necesitamos concentración, lo que requiere que no nos interrumpan. Sin embargo, las noticias están especialmente diseñadas para interrumpirnos.

Si le interrumpen constantemente mientras está reflexionando, sus ideas permanecen en la memoria a corto plazo, sin ninguna posibilidad de que se integren en la memoria a largo plazo, que es precisamente donde se almacenan.

Tales interrupciones permanentes no ocurren solamente en los canales de información 24 horas, con sus incesantes titulares sobre todo y sobre nada al mismo tiempo. También los artículos de los sitios informativos de internet están hoy en día plagados de enlaces, de manera que mientras lee el texto, su atención se desvía del tema.

Investigadores canadienses han demostrado que por el simple hecho de que el texto contenga enlaces, el nivel de comprensión disminuye, pues su cerebro se ve constantemente distraído al tener que tomar la decisión de hacer o no hacer clic en ellos, lo cual provoca que se desvíe del tema.

Todo ello explicaría la impresión de perder la memoria y la capacidad de concentración, una sensación ampliamente extendida hoy en día entre las personas más jóvenes.

Las noticias envenenan el cuerpo

Las noticias activan de forma constante el sistema límbico del cerebro. Las catástrofes que se nos anuncian en los titulares todos los días liberan altas cantidades de glucocorticoides (cortisol). Esto altera el sistema inmunitario y reduce la producción de la hormona del crecimiento, que se encarga de regenerar el organismo. Las noticias pueden, por sí solas, someter a una persona con una vida (real) tranquila a una situación de estrés crónico.

Los altos niveles de glucocorticoides perjudican la digestión, reducen el crecimiento de las células de la piel, del pelo y de los huesos, aumentan el nerviosismo y hacen más proclive a las infecciones. Puede llegar a sentirse temeroso, agresivo y reducirse su campo de visión.

Las noticias funcionan como las drogas. De forma más o menos consciente, estamos al tanto de numerosos temas, desde el caso Bárcenas hasta la situación de Venezuela tras Hugo Chávez, pasando por los despidos colectivos y cierres de empresas que se producen cada día en estos tiempos. Y los medios de comunicación nos tientan constantemente para que queramos saber “qué pasará después”.

Los científicos antes pensaban que los cien mil millones de neuronas del cerebro estabilizaban sus conexiones en la edad adulta. Hoy en día sabemos que no es así. Las células rompen constantemente las conexiones viejas para crear nuevas. Cuanta más información consumimos, mayor es el número de circuitos neuronales dedicados a las tareas superficiales y menor es el número de los que se encargan de las reflexiones profundas. La mayoría de los consumidores de información, incluidos los que solían ser ávidos lectores, han perdido la capacidad de leer artículos extensos y libros. Tras unas cuatro o cinco páginas, se cansan, se aburren, su concentración desaparece, necesitan moverse... o directamente se duermen. La razón no es que hayan envejecido o que tengan cosas más importantes que hacer; es que la estructura física de su cerebro ya no es la misma.

Otro efecto particularmente lamentable de las noticias es que nos ahogan con sucesos respecto a los cuales no podemos hacer nada. Al escuchar historias sobre las catástrofes varias que asolan todos los rincones del mundo, nos volvemos pasivos y nos vemos sumergidos en un estado de ánimo negativo, pesimista, fatalista, pudiendo incluso perder toda capacidad emotiva o de compasión hacia los demás, así como la ilusión por el futuro.

Otra víctima colateral de las noticias es la creatividad. “No conozco ningún espíritu creativo que haya devorado noticias; ni escritores, ni compositores, ni matemáticos, ni físicos, ni científicos, ni músicos, ni diseñadores, ni arquitectos ni pintores. Por el contrario, conozco cantidad de personas enfermizamente estériles que consumen noticias como si de una droga se tratase”, observa Rolf Dobelli.

Todo ello no quiere decir que en este mundo no necesitemos periodistas. Todo lo contrario, son necesarios para dar a conocer los hechos más importantes relacionados con nuestro destino común, tanto a nivel local como a nivel mundial. Por lo tanto, no se trataría de dejar radicalmente de estar informado, ni de vivir a espaldas de lo que pasa en el mundo. De lo que se trata es de no volverse adicto a la información (algo a lo que ha contribuido internet, que ha hecho que si no estamos al tanto de lo ocurrido en el minuto anterior, nos sintamos desinformados). Y desde luego, la única manera de entender mejor el mundo que nos rodea es leer artículos de investigación extensos y libros.

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis

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Fuentes

  • "News is bad for you – and giving up reading it will make you happier",The Guardian,12.04.13
  • Rolf Dobelli, "Die Kunst des klaren Denkens", 2011.
  • Nicholas Carr, "The Web Shatters Focus, Rewires Brains", 24.05.2010
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